Historia de la Orden de los Templarios (1ª parte)

Historia de la Orden

Aunque los orígenes de la orden del Temple se olvidaron hace mucho, se especula que uno de sus miembros fundadores fue Caín, el personaje mítico que mató a su propio hermano, Abel. Suposiciones posteriores deducen que en realidad Caín no asesinó a su hermano por celos, sino para conseguir un Fragmento del Edén, uno de los dispositivos tecnológicos extremadamente avanzados que fueron abandonados por Los Que Vinieron Antes. Si Caín fue un templario o si inspiró o desempeñó un papel activo en la fundación de la Orden, es algo que está todavía por determinar. No obstante, hay pruebas que sugieren que algunos templarios de los días antiguos se consideraban los Hijos de Caín. Algunos de ellos llegaron incluso a aceptar la creencia de que su emblema, la cruz roja dibujada, era la marca de Caín.

Assassin’s Creed II – Glifo 06 – Hermanos

Glifo 6: Hermanos

A pesar de su misterioso origen, la orden del Temple ha existido de una forma o de otra durante milenios. Desgraciadamente, poco se sabe de la Orden con anterioridad al siglo V a.C, y la información procedente de esta época resulta como mínimo poco fiable. Sin embargo, se cree que los templarios estuvieron detrás de Darío el Grande, cuarto rey del imperio aqueménida, cuando éste derrocó al usurpador y accedió al trono de Persia. También ayudaron a su hijo y sucesor Jerjes I a sofocar las revueltas  en Egipto y Babilonia y a conquistar  una buena parte de Grecia tras la Batalla de las Termópilas. No se sabe si Darío o Jerjes eran templarios, o siquiera si eran conscientes de la existencia e influencia de la Orden. No obstante, parece que ambos monarcas se beneficiaron ampliamente de la ayuda templaria.

La Orden del Temple también desempeñó un papel fundamental en la construcción del imperio de Alejandro Magno,  que se extendía desde el mar Jónico hasta el Himalaya. Se sospecha que los templarios confiaron a Alejandro el Cetro del Edén, un poderoso artefacto de la Primera Civilización, que explicaría como fue capaz de convertirse en el conquistador más triunfante( e invicto) de la historia con 30 años.

En el siglo siguiente, la Orden prestó apoyo a Quin Shi Huang, fundador de la dinastía Quin, que emprendió varios proyectos grandiosos como la Gran Muralla de China, lo que demostraba que ya en el siglo III a.C. la Orden del Temple abarcaba todo el mundo conocido.

En Europa Occidental, la Orden fue especialmente activa durante la época romana. Como muchos otros líderes de la antigüedad, se desconoce si Cayo Julio César estuvo confabulado con la Orden o si ni siquiera sabía de la existencia de los templarios. Independientemente de si fue miembro de la Orden o no, los templarios apoyaron claramente a César cuando fue nombrado dictador de lo que poco después sería el Imperio Romano. También se pudo notar la influencia templaria durante el reinado del emperador Calígula casi un siglo después, hasta su asesinato en el año 41.

Desde el siglo III hasta la caída del imperio, los templarios trataron de mantener unidos los vestigios del Imperio Romano de Occidente, pero terminaron por fracasar cuando los alamanes, ostrogodos, hunos y demás bárbaros conquistaron su territorio. No obstante, la influencia templaria siguió sintiéndose claramente en otras partes del mundo, concretamente en Constantinopla y en el Imperio Romano de Oriente, pero de nuevo han trascendido pocos detalles sobre la implicación de la Orden durante esa época.

"Los FdE otorgaban un gran poder a sus poseedores. Leyendas de todo el mundo
 hacen referencia a la Espada y al Cetro del Edén como iconos 
de autoridad marcial, política y divina."
El FdE (Fragmento del Edén)

Desde su fundación, hombres y mujeres ilustres (algunos los llamarían visionarios) han tomado las riendas de la orden del Temple. Sus líderes más notables han sido a menudo hombres de ciencia, como Silvestre II. Desgraciadamente, se desconfiaba de ellos y, al menos en la Europa medieval, se los señalaba como herejes debido a los vastos conocimientos que poseían. Algunos de estos templarios sufrieron persecución; muchos fueron torturados y asesinados por creer en materias como medicina o química, o por el simple hecho de afirmar que la Tierra era redonda. En el siglo XII, Bernardo de Claraval (posiblemente un influente templario) se dio cuenta de que la Orden necesitaba a la Iglesia como aliado. Una de las figuras más respetadas de la Cristiandad, envió a nueve hombres de confianza a Tierra Santa para encontrar el Templo de Salomón en Jerusalén. A su regreso, Bernardo reformó la orden del Temple.

De acuerdo con el gran maestre Hugo de Payns, Bernardo creó la Regla Latina, obtuvo el apoyo de la Iglesia y se aseguró de que la Orden fuera reconocida y autorizada durante el Concilio de Troyes en 1129. Por primera vez en su larga historia, la Orden de los Caballeros Templarios se hizo pública, aunque su propósito (el progreso de la humanidad por medio de los avances tecnológicos y científicos) se mantuvo en absoluto secreto. Tras el Concilio de Troyes, la Orden prosperó. A lo largo de casi doscientos años, los Caballeros Templarios desempeñaron un papel fundamental  en toda Europa y el Levante mediterráneo. Durante esta Edad de Oro el Temple estuvo en todas partes, influyendo por igual sobre reyes, papas y hombres de ciencia.

Sin embargo, esta Edad de Oro terminó bruscamente. A finales del siglo XIII, la Orden había sido debilitada por la hermandad  de los Asesinos y sus aliados, y el rey Felipe el Hermoso, sirviendo sin saberlo a la causa de los Asesinos, conspiró contra los templarios y se aseguró de que la Iglesia los condenara por herejes. Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la orden de los Caballeros Templarios reconocido públicamente, comprendió que la organización no sobreviviría a menos que fuese oficialmente disuelta. Convencido de que la Orden estaba por encima del individuo, realizó el sacrificio definitivo y permitió que le quemaran en la hoguera, no sólo para salvar la vida de sus compañeros templarios y sus aliados, sino también para confundir a sus enemigos y hacerles creer que la Orden moriría con él.

No obstante, poco después de su muerte, el gran maestre de Molay escogió a nueve de sus mejores hombres de confianza y, provistos del conocimiento de los Antiguos, los dispersó por el mundo. Desde ese día en adelante, los templarios seguirían ejerciendo su influencia sobre la humanidad a la sombra de los personajes más poderosos de la historia. Con su ayuda, continuarían con su antigua misión, la de ayudar a la humanidad a conseguir su pleno potencial mediante el desarrollo técnico y científico.

Fuente: Enciclopedia Assassin’s Creed

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  • “Consagré mi vida a conocer la sabiduría y también la locura y el desvarío. Ahora comprendo que era tan fútil como escribir en el agua, pues donde hay sabiduría hay también pesar. Y quien atesora conocimiento, atesora dolor“ Al Mualim, Assassin's Creed
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