Assassin’s Creed III. Eventos: Vacunación contra la viruela

La viruela fue uno de los azotes de los siglos XVII y XVIII. La lista de síntomas es de los más agradable: grandes pústulas por toda la piel y con la certeza de que te van a dejar marcas, una fiebre terrible y vómitos. (Esta enfermedad está extinta hoy salvo por las muestras que se guardan en laboratorios… Otra razón más por la que me alegro de que vivamos en esta era moderna).

La vacunación contra la viruela en América comenzó en algún momento a principios de la década de 1720 en Boston, cuando un predicador llamado Cotton Mather se enteró de la idea por uno de sus esclavos. El método era sencillo, pero bastante desagradable: encontrar a alguien con un caso leve de la enfermedad, moler parte de las llagas y ponerlas bajo la piel de la persona inoculada (generalmente con un arañazo entre el pulgar y el índice). La segunda persona sufría un episodio menos grave de la enfermedad, y luego permanecía inmune durante unos diez años.

Estadísticamente hablando, la inoculación funcionó, pero no sin sus contrapartidas. La viruela en cualquier forma era extremadamente peligrosa, y moría gente regularmente por culpa de la vacunación. Además, vacunar a la gente era básicamente infectarla con la enfermedad, y siempre se corría el riesgo de provocar una epidemia. (Y ahí está claro que el remedio sería mucho peor que la enfermedad).

No fue hasta 1796 que se inventó una forma menos peligrosa de vacunación. Un doctor británico (por supuesto que iba a ser británico) llamado Edward Jenner descubrió que al infectarte con la viruela bovina (que no era letal) obtenías inmunidad también para la viruela humana. Jenner había realizado este descubrimiento infectando a un muchacho con viruela bovina, y luego intentando infectarlo con viruela humana (en el nombre de la ciencia, lo que seguro que le habría encantado saber al chiquillo). Dado sus métodos, no es de extrañar que la comunidad médica mirase con malos ojos los hallazgos de Jenner, y la vacuna basada en la viruela bovina no se extendió hasta algunos años después.

Fuente: Base de datos del Animus

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  • “Consagré mi vida a conocer la sabiduría y también la locura y el desvarío. Ahora comprendo que era tan fútil como escribir en el agua, pues donde hay sabiduría hay también pesar. Y quien atesora conocimiento, atesora dolor“ Al Mualim, Assassin's Creed
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